Las
dificultades con que ordinariamente se tropieza para biografiar en
justicia á los artistas contemporáneos, desaparecen tratándose
de personalidades de mérito tan indiscutible como Benetó. Sin
que podamos precisar quién fuera su primer maestro, ni se nos
alcance que en los primeros años de la vida pueda un niño
dominar las dificultades y arideces de la música en sus
comienzos, es lo cierto que á los 6 años, Benetonet (así le
llamaban sus convecinos) dio un concierto de flautín en el teatro
de Villanueva de Castellón, su pueblo natal.
Alguien,
entusiasmado de la precocidad musical de aquel niño
extraordinario, lo trajo al Conservatorio de
Valencia, donde no
tardó en ser el discípulo predilecto del maestro Goñi, hasta el
punto de darle privadamente lecciones de violín, adivinando que
aquel rapazuelo era de la madera de los verdaderos artistas.
Terminados
brillantemente sus estudios en el Conservatorio, logró ser oído
por Sarasate, que le inculcó la idea de marchar a París, ofreciéndose
á recomendarlo al maestro
White, para que le pusiera en contacto
con las celebridades musicales de la gran metrópoli. Llena su
mente de ilusiones, á los 18 años, marchó resueltamente, sin
parar mientes en el exiguo capital que había logrado reunir para
el viaje, y que se le agotó á los pocos días de haber llegado
á la capital de la vecina República. Tenaz en su proyecto y no
sintiendo los desfallecimientos que otro, en su caso, hubiera
sentido, hizo oposiciones á una plaza de solista y concertino en
un teatro, y ganada en buena lid la que él juzgaba prebenda,
ingresó en el Conservatorio, desde donde salió al siguiente año
para hacer y ganar unos ejercicios de oposición, en los que
tomaron parte 187 profesores, de la plaza de concertino en la magnífica
orquesta de la Sala de Conciertos del Palacio del
Trocadero, que
dirige el maestro D’Harcourt.
Habida
cuenta de su juventud y talento, triunfos mayores esperan a
nuestro paisano.